El verano se agotaba en aquel municipio sevillano. Dejaba tras de sí, días de intenso calor de baños en la ribera del Huéznar, de noches a la fresca, de ferias, cines de verano, helados, piscina, y comenzaba septiembre y con ello la vuelta a la escuela.
Las madres apuraban las batas para la escuela, los uniformes. Compraban los libros para los niños que o bien iban a la escuela de "Los hermanos Maristas" o bien al "Colegio del Gobierno". Preparaban los deberes que se habían quedado para última hora y las redacciones sobre las vacaciones que tendrían que entregar a los profesores para el nuevo curso y primer contacto con los amigos.
José y Manolito estaban acabando con esmero las redacciones de las vacaciones de verano. Concha, la hermana mayor ayudaba a su madre Carmela en las labores del hogar y jugaba con sus dos hermanos menores.
La mañana del 17 de septiembre de 1956 comenzó el nuevo curso escolar. Joselito ya tenía ganas de empezar pues era un alumno ejemplar y le encantaba estudiar, era muy perfeccionista.
Un día, Manolito y Joselito, mientras iban de camino a casa desde la escuela, no se les ocurrió otra cosa que irse a bañar a la ribera sin avisar a nadie.
Antonio, padre de los dos y minero, estaba en casa junto con Carmela. No paraban de preguntarse donde estarían los chiquillos pues ya pasaba media hora y no habían vuelto a casa. Por aquel entonces tenían trece años, los habían cumplido el 03 de julio y iban solos a la escuela.
Carmela empezó a inquietarse cuando veía pasar los minutos y sus chiquillos no aparecían, así que mandó a Antonio a darse una vuelta por el pueblo a ver si los encontraba.
Joselito y Manolito habían perdido la noción del tiempo y llevaban dos horas bañándose sin haber pasado por casa.
Antonio, el padre, iba preguntando por toda Villanueva del Río y Minas, a ver si alguien por casualidad los había visto en algún lugar. Era muy extraño ya que siempre volvían a casa al finalizar la escuela, pero aquel día cambiaron los planes. Antonio, fue a preguntar a los del barrio de "las Cuevas", a los de Tocina, a los de Cantillana, a los de Las Calderonas, pero no hubo respuesta alguna de donde pudieran estar ni de si alguien les había visto siquiera.
Antonio, para acabar de peinar la zona, pensó en dirigirse a la ribera. A lo lejos empezó a escuchar lo que parecían las risas de Manolito y Joselito. A medida que se iba acercando, las figuras de aquellos dos chiquillos se le iban haciendo más nítidas y las voces indiscutiblemente eran las de sus dos hijos.
Antonio, acercándose sigilosamente a las prendas de José y Manuel, las cogió y pegó un chillido.
- Sálganse del agua! Los dos! .- dijo con un chillido Antonio, el padre.
- Pero...padre! qué haces aquí?.- dijo Manuel.
- Qué hora es? .- dijo José.
- No quiero escucharos decir ni una palabra más!.- dijo Antonio. Ahora salid del agua! Es una orden!
José y Manuel salieron del agua. Había un pequeño detalle...Antonio había cogido sus prendas y ahora pretendía que avanzaran por todo el pueblo desnudos para aprender la lección y que otro día avisaran por lo menos.
- Papá, pásanos la ropa por favor! .- dijeron los dos mellizos.
- Que os calléis! digo! id tirando pá arriba, que nos tenéis contestos a tu madre y a mí. Será posible? estos niños...
- Perdón papá, no lo volveremos a hacer más...de verdad! Pero por favor, danos nuestra ropa. Me da vergüenza que Encarnita me vea así...- dijo José.
Antonio, no les facilitó a ninguno de los dos sus prendas e hizo que fueran de calle en calle andando y tapándose sus partes cuando veían a algún vecino, escondiéndose tras muros, casas, árboles, etc...
Finalmente, después de un rato de pasarlo mal llegaron a casa, donde recibieron otra merecida bronca de su madre Carmela.
Las madres apuraban las batas para la escuela, los uniformes. Compraban los libros para los niños que o bien iban a la escuela de "Los hermanos Maristas" o bien al "Colegio del Gobierno". Preparaban los deberes que se habían quedado para última hora y las redacciones sobre las vacaciones que tendrían que entregar a los profesores para el nuevo curso y primer contacto con los amigos.
José y Manolito estaban acabando con esmero las redacciones de las vacaciones de verano. Concha, la hermana mayor ayudaba a su madre Carmela en las labores del hogar y jugaba con sus dos hermanos menores.
La mañana del 17 de septiembre de 1956 comenzó el nuevo curso escolar. Joselito ya tenía ganas de empezar pues era un alumno ejemplar y le encantaba estudiar, era muy perfeccionista.
Un día, Manolito y Joselito, mientras iban de camino a casa desde la escuela, no se les ocurrió otra cosa que irse a bañar a la ribera sin avisar a nadie.
Antonio, padre de los dos y minero, estaba en casa junto con Carmela. No paraban de preguntarse donde estarían los chiquillos pues ya pasaba media hora y no habían vuelto a casa. Por aquel entonces tenían trece años, los habían cumplido el 03 de julio y iban solos a la escuela.
Carmela empezó a inquietarse cuando veía pasar los minutos y sus chiquillos no aparecían, así que mandó a Antonio a darse una vuelta por el pueblo a ver si los encontraba.
Joselito y Manolito habían perdido la noción del tiempo y llevaban dos horas bañándose sin haber pasado por casa.
Antonio, el padre, iba preguntando por toda Villanueva del Río y Minas, a ver si alguien por casualidad los había visto en algún lugar. Era muy extraño ya que siempre volvían a casa al finalizar la escuela, pero aquel día cambiaron los planes. Antonio, fue a preguntar a los del barrio de "las Cuevas", a los de Tocina, a los de Cantillana, a los de Las Calderonas, pero no hubo respuesta alguna de donde pudieran estar ni de si alguien les había visto siquiera.
Antonio, para acabar de peinar la zona, pensó en dirigirse a la ribera. A lo lejos empezó a escuchar lo que parecían las risas de Manolito y Joselito. A medida que se iba acercando, las figuras de aquellos dos chiquillos se le iban haciendo más nítidas y las voces indiscutiblemente eran las de sus dos hijos.
Antonio, acercándose sigilosamente a las prendas de José y Manuel, las cogió y pegó un chillido.
- Sálganse del agua! Los dos! .- dijo con un chillido Antonio, el padre.
- Pero...padre! qué haces aquí?.- dijo Manuel.
- Qué hora es? .- dijo José.
- No quiero escucharos decir ni una palabra más!.- dijo Antonio. Ahora salid del agua! Es una orden!
José y Manuel salieron del agua. Había un pequeño detalle...Antonio había cogido sus prendas y ahora pretendía que avanzaran por todo el pueblo desnudos para aprender la lección y que otro día avisaran por lo menos.
- Papá, pásanos la ropa por favor! .- dijeron los dos mellizos.
- Que os calléis! digo! id tirando pá arriba, que nos tenéis contestos a tu madre y a mí. Será posible? estos niños...
- Perdón papá, no lo volveremos a hacer más...de verdad! Pero por favor, danos nuestra ropa. Me da vergüenza que Encarnita me vea así...- dijo José.
Antonio, no les facilitó a ninguno de los dos sus prendas e hizo que fueran de calle en calle andando y tapándose sus partes cuando veían a algún vecino, escondiéndose tras muros, casas, árboles, etc...
Finalmente, después de un rato de pasarlo mal llegaron a casa, donde recibieron otra merecida bronca de su madre Carmela.
No hay comentarios:
Publicar un comentario