Era "Fin de Año" en Villanueva del Río y Minas. Las mujeres de familia preparaban con esmero la cena de esa noche. No podía faltar el rebujillo, el champán, los bizcochos, las cenas elaboradas y entre otros platos, la sopa, para el intenso frío de la noche.
Todo estaba preparado para la gran ocasión. Las mesas se decoraban exquisitamente con velas, adornos navideños y se preparaban las doce uvas de la suerte del año que estaba por entrar.
Aquella noche, José volvía de camino a casa. Tuvo que coger un tren para volver desde Santader a Sevilla y una vez estuvo en Sevilla coger un autocar que le llevaría hasta su tan esperado pueblo de "Villanueva del Río y Minas".
En casa de la familia Lara, Concha preparaba la cena y Carmela la madre le ayudaba a poner la mesa pues esa noche serían cinco comensales; por un lado Antonio el padre de familia y minero, por otro lado Carmela, la madre, y los tres hermanos Concha la mayor y los mellizos Manuel y José que estaba de camino.
Todos estaban ansiosos por recibir a José. Había pasado un año desde que no lo veían pues trabajando de camarero en hoteles por toda España sólo habían podido mantener contacto por correo y teléfono.
Faltaban tres quilómetros para que José llegara a su destino. Todavía no le había comentado a Encarnita que ese día iba a volver desde Santander. Encarnita tenía contacto con su novio José por carta y deseaba con anhelo profundo poder verle algún día no muy lejano.
Encarnita, por otro lado, preparaba junto con su madre Jerónima y su hermana Antonia la cena de esa noche. Mientras todo quedaba listo para aquella celebración, Encarnita lloraba añorando la presencia de José y soñando con que no tardara en poder verle aunque sabía que era muy complicado pues José le había escrito por carta que el reencuentro no llegaría por lo menos hasta el verano cuando le dieran alguna semana de vacaciones.
Eran las 10 de aquella gélida noche del 31 de diciembre, nochevieja en Villanueva. José caminaba hasta el portal de la familia Lara.
Carmela había salido al portal pues sabía que en breve su hijo José se aproximaría por allí. De repente, en la oscuridad de la noche, divisó un cuerpo que apresuradamente corría hacia su encuentro.
Mirando hacia José, Carmela pudo divisar la silueta del que era su hijo.
- Joselito, eres tu? .- dijo Carmela llorando...
- ¡Mamá!.- exclamó José mientras corría hacia su madre.
El reencuentro fue conmovedor, se abrazaron durante diez minutos, con lágrimas que corrían de ambas mejillas.
- ¡Estás mas delgado José!.- dijo Carmela mientras observaba a su hijo.
- Eso son los hoteles mamá, no paro de trabajar, pero como muy bien.- dijo José para evitar la preocupación de su madre...
- Vamos para adentro caríño, que te esperan con anhelo tu padre y tus hermanos.- dijo Carmela.
- ¡Ufff, madre mía!¡ Qué alegría más grande de veros! Apresurémonos mamá.- dijo José.
Sin picar a la puerta, salieron a su encuentro Concha, Manuel y su padre Antonio.
- ¡José! qué alegría verte.- sonó al unísono.
- Y yo, qué ganas de veros a todos.
No pararon de besarse y abrazarse durante intensos minutos. Acto seguido, entraron a la casa pues fuera hacia mucho frío.
- José, nos tienes que contar tus andaduras por los hoteles y tus experiencias de camarero por allí.- dijo Concha.
- También nos tienes que decir cómo te tratan por allí, hermano.- dijo Manuel.
- Pues aunque diga lo contrario José, yo creo que muy bien no come, que lo veo más delgado.- dijo Carmela.
- Hombre, al niño se le ve en buena forma. Anda que no se nota que te cuidan José.- dijo su padre Antonio.
- Mamá, no te preocupes por nada, cierto es que Concha y tu me hacíais unos guisos muy buenos y de siempre he tenido buen estómago. Pero cierto es también que en los hoteles me dan la comida que sirven en el restaurante del hotel a los clientes, puedo comer cuanto quiera y muy variado ya que conozco la cocina de Santander, de Bilbao, de Pamplona, de muchísimas zonas en las que he estado trabajando y puedo decir con fuerte convicción que se come de maravilla.- dijo José.
- Y tu jefe del hotel, ¿qué tal, cómo te trata? .- dijo Manuel.
- Fenomenal Manuel. Para deciros que hoy no tenía fiesta y están tan contentos conmigo que no solo me dan el día de hoy de fiesta y eso que ahora hay muchísima faena por las celebraciones, sino que además, me han concedido tres días extras.- dijo José.
- Por cierto, Encarnita, ¿ sabe algo de que estás aquí?.- preguntó Concha a su hermano José.
- Pues he de deciros que no le he comentado nada, pues quería que fuera una sorpresa. Pero también ansío verla, he de comunicaros, que estoy reuniendo muchas pesetas para así hacer posible nuestro sueño que es casarnos en breve. No aguantamos por mucho tiempo más estar en esta triste situación y por carta ya le he comentado mi deseo, lo único que espero que me den la aprobación en su casa y no nos ponga Benjamín, el padre de Encarnita, trabas para ello.- dijo José.
- Así, que nos vamos de bodorrio, José! ¡Qué bien!.- exclamó Manuel.
Mientras la familia Lara conversaba largo y tendido, Encarnita, era ignorante de la sorpresa que le esperaba. Quién le iba a decir a aquella bella muchachita que en breve su sueño se iba a cumplir...
Todo estaba preparado para la gran ocasión. Las mesas se decoraban exquisitamente con velas, adornos navideños y se preparaban las doce uvas de la suerte del año que estaba por entrar.
Aquella noche, José volvía de camino a casa. Tuvo que coger un tren para volver desde Santader a Sevilla y una vez estuvo en Sevilla coger un autocar que le llevaría hasta su tan esperado pueblo de "Villanueva del Río y Minas".
En casa de la familia Lara, Concha preparaba la cena y Carmela la madre le ayudaba a poner la mesa pues esa noche serían cinco comensales; por un lado Antonio el padre de familia y minero, por otro lado Carmela, la madre, y los tres hermanos Concha la mayor y los mellizos Manuel y José que estaba de camino.
Todos estaban ansiosos por recibir a José. Había pasado un año desde que no lo veían pues trabajando de camarero en hoteles por toda España sólo habían podido mantener contacto por correo y teléfono.
Faltaban tres quilómetros para que José llegara a su destino. Todavía no le había comentado a Encarnita que ese día iba a volver desde Santander. Encarnita tenía contacto con su novio José por carta y deseaba con anhelo profundo poder verle algún día no muy lejano.
Encarnita, por otro lado, preparaba junto con su madre Jerónima y su hermana Antonia la cena de esa noche. Mientras todo quedaba listo para aquella celebración, Encarnita lloraba añorando la presencia de José y soñando con que no tardara en poder verle aunque sabía que era muy complicado pues José le había escrito por carta que el reencuentro no llegaría por lo menos hasta el verano cuando le dieran alguna semana de vacaciones.
Eran las 10 de aquella gélida noche del 31 de diciembre, nochevieja en Villanueva. José caminaba hasta el portal de la familia Lara.
Carmela había salido al portal pues sabía que en breve su hijo José se aproximaría por allí. De repente, en la oscuridad de la noche, divisó un cuerpo que apresuradamente corría hacia su encuentro.
Mirando hacia José, Carmela pudo divisar la silueta del que era su hijo.
- Joselito, eres tu? .- dijo Carmela llorando...
- ¡Mamá!.- exclamó José mientras corría hacia su madre.
El reencuentro fue conmovedor, se abrazaron durante diez minutos, con lágrimas que corrían de ambas mejillas.
- ¡Estás mas delgado José!.- dijo Carmela mientras observaba a su hijo.
- Eso son los hoteles mamá, no paro de trabajar, pero como muy bien.- dijo José para evitar la preocupación de su madre...
- Vamos para adentro caríño, que te esperan con anhelo tu padre y tus hermanos.- dijo Carmela.
- ¡Ufff, madre mía!¡ Qué alegría más grande de veros! Apresurémonos mamá.- dijo José.
Sin picar a la puerta, salieron a su encuentro Concha, Manuel y su padre Antonio.
- ¡José! qué alegría verte.- sonó al unísono.
- Y yo, qué ganas de veros a todos.
No pararon de besarse y abrazarse durante intensos minutos. Acto seguido, entraron a la casa pues fuera hacia mucho frío.
- José, nos tienes que contar tus andaduras por los hoteles y tus experiencias de camarero por allí.- dijo Concha.
- También nos tienes que decir cómo te tratan por allí, hermano.- dijo Manuel.
- Pues aunque diga lo contrario José, yo creo que muy bien no come, que lo veo más delgado.- dijo Carmela.
- Hombre, al niño se le ve en buena forma. Anda que no se nota que te cuidan José.- dijo su padre Antonio.
- Mamá, no te preocupes por nada, cierto es que Concha y tu me hacíais unos guisos muy buenos y de siempre he tenido buen estómago. Pero cierto es también que en los hoteles me dan la comida que sirven en el restaurante del hotel a los clientes, puedo comer cuanto quiera y muy variado ya que conozco la cocina de Santander, de Bilbao, de Pamplona, de muchísimas zonas en las que he estado trabajando y puedo decir con fuerte convicción que se come de maravilla.- dijo José.
- Y tu jefe del hotel, ¿qué tal, cómo te trata? .- dijo Manuel.
- Fenomenal Manuel. Para deciros que hoy no tenía fiesta y están tan contentos conmigo que no solo me dan el día de hoy de fiesta y eso que ahora hay muchísima faena por las celebraciones, sino que además, me han concedido tres días extras.- dijo José.
- Por cierto, Encarnita, ¿ sabe algo de que estás aquí?.- preguntó Concha a su hermano José.
- Pues he de deciros que no le he comentado nada, pues quería que fuera una sorpresa. Pero también ansío verla, he de comunicaros, que estoy reuniendo muchas pesetas para así hacer posible nuestro sueño que es casarnos en breve. No aguantamos por mucho tiempo más estar en esta triste situación y por carta ya le he comentado mi deseo, lo único que espero que me den la aprobación en su casa y no nos ponga Benjamín, el padre de Encarnita, trabas para ello.- dijo José.
- Así, que nos vamos de bodorrio, José! ¡Qué bien!.- exclamó Manuel.
Mientras la familia Lara conversaba largo y tendido, Encarnita, era ignorante de la sorpresa que le esperaba. Quién le iba a decir a aquella bella muchachita que en breve su sueño se iba a cumplir...